La tarde del Viernes Santo, Linares volvió a detenerse ante el sonido inconfundible de los trompeteros de la Expiración para vestirse de respeto, luto y Esperanza. Desde primeras horas, la Parroquia de San Francisco se convirtió en el epicentro de una ciudad que, fiel a su tradición, aguardaba con expectación la salida de la Real Cofradía y Hermandad del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora de la Esperanza.
A las 16:00 horas se abrían las puertas del templo, iniciando su estación de penitencia un cortejo imponente formado por 1.105 hermanos. Esta cifra es el mejor reflejo del arraigo de una Hermandad que, fundada en 1894 por unos humildes carboneros, forma parte esencial del Viernes Santo linarense. Bajo la dirección de nuestro Hermano Mayor, D. Manuel Amat Cerón, la cofradía avanzó con solemnidad por su itinerario, envuelta en un ambiente de recogimiento, respeto e incienso.
El acompañamiento musical fue, un año más, un pilar fundamental de nuestra estación de penitencia. La Banda de Cabecera, que estrenaba banderín, marcó el pulso de la tarde con un repertorio de profundo calado emocional, interpretando marchas de estreno y adaptaciones magistrales como «Áureo», «Intangible» y «Anochecer», una elaborada fusión de las bandas sonoras de *El Último Samurái* y *Braveheart*. Por su parte, la Banda de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora del Rosario” aportó la intensidad y el carácter propios del momento en que Jesús expiraba. Finalmente, Nuestra Señora de la Esperanza fue arropada por la Sociedad Filarmónica María Inmaculada, que interpretó el estreno absoluto de «Madre de la Esperanza», compuesta por su director, Pablo Parra.
Uno de los momentos más sobrecogedores de la jornada se vivió a las 17:30 horas con la tradicional Ceremonia de la Expiración. Fue un instante cargado de simbolismo en el que el tiempo pareció detenerse ante el último suspiro de Jesús crucificado, justo antes de que la cofradía se adentrara en el corazón de la ciudad.
El Stmo. Cristo de la Expiración, obra de Gabino Amaya, procesionó este año exornado de forma clásica, recuperando el tradicional monte Calvario de iris morados. La imagen avanzó majestuosa sobre los hombros de sus 105 horquilleros, que volvieron a demostrar su sello inconfundible de firmeza, coordinación y unción. La talla, restaurada magistralmente por Luis Álvarez Duarte, dejó estampas imborrables, como la de la rosa a sus pies, símbolo de la última gota de sangre derramada en el Gólgota.
Tras el Stmo. Xto., la dulzura y la luz de la Madre. Nuestra Señora de la Esperanza procesionó con una elegancia que cautivó a cuantos la contemplaban. Iba precedida por un multitudinario y elegantísimo tercio compuesto por más de 70 mujeres de mantilla que portaban velas de color verde Esperanza. La reciente restauración de su candelería permitió que la luz de los cirios se reflejara con especial pureza sobre su rostro, mientras que su corona de salida, igualmente restaurada, realzaba aún más si cabe su presencia bajo el palio.
Los 65 hombres de trono de la Virgen imprimieron ese andar característico, suave y acompasado, que parece mecer el dolor con esperanza. El discurrir del palio estuvo envuelto en todo momento por el repertorio de la Sociedad Filarmónica “María Inmaculada”, que contribuyó a crear una atmósfera de profunda emoción.
El recorrido transcurrió con brillantez por enclaves emblemáticos como la Plaza del Ayuntamiento, el Pasaje del Comercio o la Carrera Oficial, alcanzada a las 20:15 horas ante una gran afluencia de público.
Ya en la noche, la estación de penitencia llegaba a su tramo final con la entrada del Santísimo Cristo en la Parroquia a las 22:00 horas. A partir de ese momento, el cortejo continuó acompañando a Ntra. Sra. de la Esperanza en su regreso a la Casa de Hermandad. Allí, envuelta en los sones del ya clásico «Esperanza Nuestra», se produjo su emotivo regreso a las 23:00 horas.
Linares ha vivido un Viernes Santo de los que permanecen en la memoria. Una jornada en la que la Expiración y la Esperanza volvieron a caminar juntas, recordándonos que del último suspiro de Jesús en la cruz nacen, siempre, la tradición y la emoción que sostienen la identidad de todo un pueblo.
A continuación una galería compuesta por fotografías de InfoLinares, Linares28, Marisidra y Olatz.


























