Durante la Feria, nuestra Hermandad vuelve a encontrarse en su tradicional caseta, que desde 1986 levantamos con ilusión para recibir a linarenses y visitantes. Tapas, raciones, bebidas bien frías, ambiente climatizado, buena música y, sobre todo, el placer de compartir buenos momentos.
A continuación, os dejamos algunas imágenes de los mejores momentos vividos en lo que llevamos de Feria de 2026.



























… Pero cuando el 2 de septiembre se apagan los farolillos y en el recinto ferial aparece el silencio, quedan muchas vivencias que no aparecen en las fotografías de una caseta abarrotada de público.
Quedan las prisas antes de abrir. Las conversaciones con «los mayores» para organizarse. Los delantales. Las bandejas que van y vienen. Las horas detrás de una barra. Los fogones encendidos. Las cuentas, los tickets, los pedidos, las mesas, la música, la limpieza y ese inevitable «¿qué hace falta ahora?» que se repite durante seis intensos días.
Pero, sobre todo, quedan nuestros hermanos y hermanas.
Porque nuestra Caseta Expiración y Esperanza no sería un referente en la Feria de Linares sin todos aquellos que dedican parte de su tiempo a hacerla posible. Hermanos y hermanas de distintas edades y colectivos que han compartido trabajo, esfuerzo, risas y también ese cansancio que, curiosamente, se lleva mucho mejor cuando se comparte.
Durante estos días hemos visto a miembros de nuestra Junta de Gobierno, a horquilleros del Cristo y de la Virgen, componentes de nuestra Banda de Cabecera, trompeteros, mantillas, y jóvenes de la Hermandad cambiar momentáneamente sus habituales cometidos por otros muy diferentes. Aquí no había varales, túnicas, partituras ni trompetas. Había bandejas, paella, botelleros, platos y muchas ganas de que todo saliera bien.
Y salió.
Porque detrás de cada tapa servida, de cada bebida y de cada mesa ocupada había alguien trabajando para que quienes entraban en nuestra caseta se sintieran como en casa. Un trabajo que muchas veces pasa desapercibido para quien disfruta desde el otro lado de la barra, pero que constituye el verdadero motor de estos días.
Las siguientes fotografías no pretenden mostrar solamente a quienes han trabajado en la caseta. Son también el recuerdo de una experiencia compartida. De los ratos de descanso entre servicio y servicio, de las bromas improvisadas, de las nuevas amistades y de esos momentos en los que diferentes generaciones de la Hermandad (desde los 18 años hasta los «…entaitantos») coinciden alrededor de una misma mesa y de un objetivo común.
Quizá ahí resida una de las cualidades más bonitas de nuestra Feria: comprobar que una Hermandad también se construye fuera de los templos y de la Semana Santa. Se construye trabajando juntos, conviviendo y compartiendo experiencias que, con el paso de los años, terminan formando parte de nuestra propia historia.
Porque detrás de nuestra caseta hay muchas manos. Pero, sobre todo, hay una gran Hermandad como así nos lo hacen llegar los comentarios de muchos amigos y amigas que nos han visitado en estos días.
Gracias a quienes habéis estado desde primera hora preparando. A quienes habéis «currado como máquinas» en barra y cocina. A quienes habéis organizado, limpiado, transportado, servido y recogido. A quienes habéis repetido turno. Y también a quienes, entre tanto trabajo, habéis encontrado tiempo para sonreír y disfrutar.
Repetiremos en la Feria de 2027, como desde 1986.




































